El día que olvide tu nombre me tendré que empezar a preocupar. Habita en mí desde mi adolescencia. Se fundió con mi piel en una unión que parecía, por entonces, imperecedera, pero mi inmadurez y mi pusilanimidad la redujeron a cenizas. Yo me empeño en hablar de adolescencia, pero que un «significativo» profesor de Filosofía habló muy claro aquel día en el que, nefasta coincidencia, tú me dijiste que lo nuestro era todo pasado y que no tenía, por mi culpa, nada de futuro. Los jóvenes de hoy en día vivís en una continua tardoinfancia. ¡Cuánta razón en esta pequeña frase! Podré olvidar mi lugar de trabajo, mi libro favorito, las canciones de Enrique Urquijo, el pulso de mi sombría vida, hablar de pacatos sentimientos, explicar determinado tema en un aula, el sangrado anímico de todas las noches y esa trasnochadora y diaria embriaguez con una foto que guardo como oro en paño. Podré… pero el día que olvide tu nombre dejaré de tener una razón para vivir. (Poetario) (Obra completa de poemas en prosa) (1994-2026)
