LA INSPIRACIÓN

Nuestro escritor se despertó en una realidad metaliteraria. Estaba enmarañado en una red de ficción y verdad. Palpó el lado derecho de su cama y notó que estaba caliente y que conservaba la forma de un cuerpo humano. Acercó su nariz y percibió un aroma a cuerpo femenino que le embaucó por unos segundos en un alumbramiento casi salvaje. Le volvió su inherente concepto de la culpa, pero su frágil voluntad hizo que se enredara en un bucle de recuerdos y soledades. Se levantó estimulado por un hechicero olor a café. ¿Quién lo ha preparado?, se preguntó entre la sorpresa y el temor. Lleno de curiosidad se acercó a la cocina y allí vio dos tazas: una sucia por un uso reciente y otra limpia y preparada para él. Imaginó que todo había sido obra de la mujer que lo visitó ayer. Con lo cual tengo razón y esa mujer existe, dedujo abducido por el aroma del café. Se sirvió tres cuartas partes de la taza y dos dedos de leche. Un primero sorbo prolongado le supo a gloria, cerró los ojos y experimentó placenteramente el despertar de sus neuronas. Tuvo la tentación de encender un cigarro. No puedo caer en el vicio que tanto me costó dejar. Aquí sí obtuvo un rotundo éxito. Está concienzudamente convencido de que sigue siendo un fumador que no consume tabaco. Se tomó el pulso. Lo tenía extrañamente acelerado. Mil proyectos en la mente y un documento en blanco. Tornó a su estudio y se sentó frente al ordenador, su potro de tortura. Una mirada a la pantalla y otra historia más evaporada. ¿Cuándo se acabará esta deshidratación creativa enquistada? De nuevo el acechante ordenador se abre ante él. ¿Qué hacer?, pensó. Volver al camino, aunque sangren las yemas de los dedos. Y se puso en disposición de darle vida al deshabitado documento en blanco. Alguien, en una ensoñación real, le susurró una palabra al oído y no supo seguir. (Poetario) (Obra completa de poemas en prosa) (1994-2026)

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