LA BARRIGA CERVECERA (I)

En defensa de la barriga cervecera con un ataque a los que se burlan de mí.

Tengo barriga, sí, y no es ningún accidente ni descuido vergonzoso. Está ahí porque ha sido cultivada con constancia, con devoción casi artística, a base de brindar, repetir y celebrar. Nada de esa pereza que tanto os gusta imaginar ni de excesos grotescos; lo mío tiene más que ver con una fidelidad alegre a la espuma y al momento compartido. Mientras otros se empeñan en comprimirse en moldes estrechos, tensando el vientre como si la vida fuera una competición de sequedad, yo llevo esta curva con cierta dignidad, como quien acepta que la cebada también deja huella… y qué huella.

Porque no, no es una simple panza. Es más bien una especie de archivo viviente, un escudo dorado donde han quedado registradas las pequeñas victorias de cada ronda, cada charla larga, cada risa que se alargó más de la cuenta. Y ahí sigue, resistiendo al tiempo con una serenidad que ya quisieran muchos. Así que adelante, criticad si queréis, vosotros, los enjutos, los disciplinados hasta el bostezo. Contad vuestra historia de privaciones. Yo, mientras tanto, me permito el lujo de reír sin prisa, con amplitud… y de seguir brindando por esta gloriosa redondez.(Poetario) (1994-2026)

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