Me has acariciado como a un niño. Lo que en un principio consideré un cándido piropo, a los pocos minutos lo vi como un hiriente menosprecio. Estábamos en nuestro destartalado pub de la calle Hermosilla. Sí. Aquel. Sí. El del olor, según tú, a prurito de vulgaridad sucia y pordiosera. ¿Sabes? Eres letal con las comparaciones. Quise mi mejor versión para tu fragante y balsámica piel. Y tú que si un niño mimado. ¡Dios! Y yo, ológrafo de un extrañado y vencido hombre, muerto antes de reconocer cada poro de tu piel. Y tú que qué exudación de ordinariez. Y yo que si un susurro, que si una caricia, que si una invitación. Y tú, palabras sin compromiso. Y yo, que es nuestro recóndito espacio para nuestras confesiones. Y tú que si tus medias de cristal valen más que las consumiciones de este garito. Y yo, escuchimizado y raquítico a tu lado, le pedí al hombre del piano que tocara nuestra canción. Y tú, que ya no es mía…dijiste. (Poetario) (1994-2026)
