LA QUIETUD QUE ME NOMBRA

Camino entre voces, pero me quedo en silencio. No es miedo, aunque a veces lo parece, es un peso de aire que se posa en mi pecho y me recuerda que observar también es una forma de estar. Mis manos quieren hablar, pero se esconden en mi abrigo. Mis palabras ensayan en la mente frases que tal vez nunca pronuncie, y sin embargo, dentro de mí suenan claras.

La timidez no es ausencia, es un jardín cerrado. Quien no conoce su puerta piensa que detrás no hay nada, pero yo he visto cómo florecen colores que nadie imagina, cómo se guardan en silencio historias enteras que esperan el instante preciso para brotar. Hay quienes caminan hacia el mundo como si no hubiera barreras. Yo avanzo lento, con pasos que miden distancias invisibles, y quizá no llegue antes, pero mi llegada siempre se siente íntegra. Aprendí que la timidez no es un muro. Es un velo que se aparta con paciencia. Y algún día, cuando la luz me toque con delicadeza, saldré al centro sin temblar, sin dejar de ser quien soy. (Poetario) (1994-2026)

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