Nadie me dijo que estabas ahí. De pronto, unas piernas enfundadas en unas vengativas medias cubrieron de heridas la tranquilidad de mi espera. Eras tú, claro. ¿Regalo del demonio o caricia de un ángel? Estuve dos minutos observándote y me parecieron dos siglos de largos caminos y crecientes heridas. ¿Espejismo o realidad? Por un momento soñé que volvías a mí con las manos bien abiertas y dispuesta a acunar mi soledad. (Poetario) (1994-2026)
