EXPLICACIÓN Y PRÓLOGO DE «YA NO ES DUDA»

En el año 1995, con fecha del 94, publiqué, en autoedición, un libro titulado Ya no es duda en una editorial que no cumplió dos acuerdos establecidos: una corrección de las galeras en condiciones y una distribución de los 300 ejemplares editados. Yo cumplí mi parte pagando una «no pacata» cantidad de pesetas. No hubo distribución por parte de la editorial y un buen día me encontré en mi casa, a la vuelta del trabajo, tres cajas con los 300 ejemplares. Quise distribuirlos yo, pero lo que hice fue una «cutredistribución» ―mi conocimiento de esta actividad era, y es, nulo― y logré vender 76 ejemplares. El resto, sí, el resto, los regalé a familiares, escritores, cantantes, concejales de cultura de una infinidad de ayuntamientos… Fue una «generosa inversión» la asumida por mí: sobres de gran calidad y sellos para los gastos de envío a casi todas las ciudades y pueblos de España. La cifra fue mareante. Especialmente me dolió muchísimo el mayoritario silencio que recibí.

Inciso: me recordó a Cruyff cuando, el 17 de febrero de 1974, nos calló «in situ» a todo el madridismo al meter el tercero gol, creo, en una de las más dolorosas derrotas del Madrid con el Barça.

Fue como una bofetada de realidad: a muy poca gente le interesa la poesía. ¿Tampoco a tu familia? Corramos un tupido velo. Aquí tengo que hacer mención a dos librerías que llevaron la medalla de oro y la de plata en agradecimiento a la labor publicitaria que ejercieron.

La librería Pérgamo, sita en la calle General Oraá 24, regentada por dos hermanas, especialmente la mayor, Lourdes. Esta mujer publicitó mi libro en el escaparate, lo aireó a voz en grito y lo vendió con una desaforada generosidad. Eternamente agradecido. Si algún día leyera esta entrada, querría que supiera que mi agradecimiento no conoce límites temporales.

En segundo lugar, la entrañable Rubiños 1860, sita en la calle Alcalá 98, donde el dueño me permitió tener en el escaparate quince días mi libro. Como es normal en esa zona, el «triángulo chupón» la devoró evaporando el ancestral y embaucador aroma de los libros que exudaba, por mucho que dijeran que mantendrían el espíritu de la librería en un lugar prominente del gigantesco edificio que poseen. No es el mismo. Sin estas dos librerías, ¿cuántos libros hubiera vendido? Ninguno. El libro Ya no es duda, incorporado ahora a Versos que no dije en voz alta (1995-2025), recopilación de todos mis poemas en prosa, fue prologado, es la parte más importante del libro, por el catedrático de la Complutense, y profesor mío, Eduardo Tejero, ya tristemente fallecido. Mi agradecimiento también es eterno.

A MODO DE PRÓLOGO.- «YA NO ES DUDA»

En José María, la dedicación poética es vocación sostenida, no pasatiempo efímero, y logos paliativo para la soledad de quien cree andar menesteroso de comunicación. Al margen del hedonismo al uso, ya que rinde de nuevo el malestar de la cultura, este joven inquiere, busca, golpea con la palabra y la imagen depurada para hallar caminos en la muda desesperanza. Como profesional de la literatura que ejerce y como poeta responsable, acumuló lecturas de clásicos siempre redivivos: Rubén, Aleixandre, Cernuda, Dámaso y otras muy respetables compañías. En ellos bebió el esencial poético, a saber, la interrogación retórica frente al mundo y la pregunta íntima, tan lacerante a veces, reservada a la vida cotidiana. Ítem más, el dominio de la forma, ya canalizada en la rima asonante o fluyendo rítmicamente en el verso libre. Así lo demuestra en tantos poemas de Ya no es duda y de varios inéditos que por generosa amistad llegué a conocer. Si los títulos son premonición y aviso de caminantes, puede verse una temática reiterada para quien se considera buscador de sombras y pasa la noche oscura del alma: Tiempo de silencio, La soledad amparada, El túnel del amor, Memorias nocturnas, Disfraz nocturno, Septiembre negro, Sondeos nocturnos, Peregrinación humana, Nocturno, otra vez. La poesía, que Juan Ramón deseaba para la inmensa minoría, es brisa y se catarsis en días de incertidumbre. Tengamos a los poetas temor reverencial, pues ellos escudriñan y alumbran el tenebroso laberinto que somos. José María, buen amigo, ojalá perseveres en tan firme y sincera escritura y recibas el asentimiento y la acogida cordial que en justicia mereces. Y allá va la despedida con el sablazo de tus versos más propicios y alentadores: Que nadie desdeñe mi contento, que nadie vulnere mi celosía.

Eduardo Tejero Robledo, Catedrático en la Universidad Complutense

(Poetario) (1994-2026)

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