Este lento dormitar ―lejana tiniebla de unos latidos en cadente mansedumbre― se guía de la inercia del amanecer, y como un vagabundo ofrezco la alborada de un sol sin raíces al diseño de un alba pasajera que objeta mi conciencia en un parpadeo de cuerpos celestes. Sustento y domestico con fruición mis sueños iniciándoles en el suspense de una cuenta atrás, mientras el perenne ahorcado dosifica con firmeza segundos y segundos en tomo a unos labios sin respuesta, y un alejado semblante censura impasible mi rezagada filosofía.
Sueño entonces que pierdo la vida por volver a mis silentes principios, a los primeros años de mi niñez. Entonces, sumergido en un río que espera ahogarse en el mar, mil gelatinas muertas se abren en innumerables yagas y me ofrecen un laberinto de opaca realidad.
Mas, cómplice de mi rubor, censuro cualquier átomo de luz, y camino con el silencio soldando mis talones en suelo de nadie, moldeando veladas memorias en las huellas de mis pisadas y recreándome con las cicatrices que transpiran mis sienes.
Camino sintiendo el vaho de tus palabras que, en un soliloquio de estatuas fetichistas, se ha convertido en un falso ídolo balbuciente y escrutador de cubiertas mutilaciones. Camino por un sinfín de aristas, y sueño con simbolizar la simetría de nuestras voces en un espacio donde tu distancia no se pierda por caminos desiertos, y así recuperar aquellas hospitalarias palabras sembradas bajo el ardiente sol del pasado. Camino desorientado, busco el significado de aquella sincera voz, pero sólo encuentro un fusil encañonándome la boca y escupiendo cruentos argumentos en el interior de mis entrañas.
¡Una vez más mil caretas falsificadoras velan mi memoria en una embriagada obstinación de soles de vencidas primaveras! (Poetario) (Obra completa de poemas en prosa) (1994-2026)
